Sensaciones de un TDAH
Extraño texto escrito una hora después de tomarme las pastillas de la noche; entre cabezada y cabezada, apareció esto.
Bien es sabida la dificultad que entraña a las personas afectadas por este “trastorno de conducta” y la gran desmotivación y frustración que les puede ocasionar, tanto en los estudios, como en la vida en general.
El enfoque que daré a esta cuestión será, en su gran parte, a vivencias, sensaciones y sentimientos propios, los cuales, seguro que las personas en mí misma situación, podrán sentirse identificadas.
No entraré en datos ni nombres técnicos para facilitar la comprensión del texto y, por supuesto, para no perderme en demasía en la redacción del mismo. A propósito de lo anterior, decir que es uno de los problemas que me afecta, me vienen cientos de ideas a la cabeza y las escribo sin parar, sin límites, sin orden, intento parar y forzarme a pensar, pero no lo consigo; me quedo en blanco y desaparece de mi mente que es lo que quería transmitir, al igual que un alud al desprenderse de lo alto de la cima de una montaña y desvanecerse a su llegada al valle.
Otra de las sensaciones que me provoca es el agobio y la ansiedad, quiero hacer muchas cosas y me esfuerzo intentando llevarlas acabo de la mejor manera, lo que acaba ocasionándome una incontrolable ansia por terminar y, sin darme ni cuenta, empiezo a distraerme mirando como vuela una mosca y analizar cómo puede ser que con esas alitas pueda volar. Vuelvo en mí y el examen sigue ahí; lo releo y la ansiedad ataca con más fuerza, ¿qué es esto que he escrito, de que estaba hablando? Ha pasado el tiempo y solo logro discernir a un ejército de hormigas azules correteando por el folio, no reconozco ni mi letra, los nervios me inundad y la presión sanguínea aumenta descontrolada; grito, grito más fuerte, pero nadie me oye. Entro en estado de aceleración mental, ya quisieran los fabricantes de coches de la Formula 1 implementarla en sus fabricaciones, se me nubla la vista y sigo escribiendo, pienso o directamente no lo hago, recobro los cientos de ideas aparcadas y sigo; nueva vuelta al círculo.
También os diré que en el entorno seguro de casa no mejora la situación. Intento evitar las distracciones y solo consigo lo contrario, otra mosca acaba de pasar, ¿cómo puede ser que vuele con esas alitas? Ahora mismo me he parado a mirarla, inmóvil, absorto y con mi interruptor de actividad apagado. La mosca se ha ido y miro la pantalla; pienso, miro otra vez la pantalla y vuelvo a intentar centrarme, pero la luz blanca que desprende me paraliza dejando mi mente nuevamente inactiva. Al conseguir reconducir mi atención, no llega la solución al ejercicio, llega la frustración y la desconfianza en mi persona.
Ahora mismo dejaría de escribir, pero me esfuerzo en hacerlo. La mosca gana la batalla.

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